Reynisfjara: la playa de arena negra y la leyenda de los trolls
Una de las visitas que más disfruté viajando con Descubre Islandia fue a la reserva Dyrhólaey y la playa de Reynisfjara. Son esos lugares donde sentís que la naturaleza te pasa por arriba: te intimida y te conmueve.
La playa de arena negra de Reynisfjara está situada en una zona de acantilados en la costa sur de Islandia. Es una de las playas más famosas del país, y cuando estás ahí entendés por qué. No es solo la arena negra. Son las columnas de basalto que se elevan como una fortificación natural, y el mar bravo y traicionero, de donde emergen imponentes figuras de piedra que dieron origen a una de las leyendas más conocidas de Islandia. Y, como si fuera poco, muy cerca está la reserva de Dyrhólaey, un paraíso de aves con vistas espectaculares para caminar con cámara en mano.
Arena negra y olas traicioneras
Lo primero que me llamó la atención al bajar a la playa fue un cartel que advertía del peligro de las olas “traicioneras” o “asesinas” (sneaker waves). Son olas poderosas que llegan sin previo aviso y fácilmente pueden arrastrar a un adulto hacia el mar en segundos. Las olas grandes pueden ocurrir cada 10 o 20 minutos y pueden aparecer con cualquier clima, incluso después de largos períodos de calma.
El cartel tenía tres luces: una verde (peligro bajo), que permite caminar por la playa con precaución. Una amarilla (peligro medio), donde se puede bajar a la playa pero hay que mantenerse a una buena distancia del mar. Y la roja (peligro alto), que directamente prohíbe ir más allá del cartel. En cualquiera de las tres circunstancias, nunca hay que darle la espalda al mar.
Aquel día, una tarde soleada y ventosa de otoño islandés, estaba encendida la amarilla. Eso significaba que podíamos avanzar, pero con atención. Y ahí fue cuando pisé por primera vez esta playa: la arena negra crujía a cada paso que daban mis borceguíes. Me agaché y agarré un puñado: no era la típica arena fina, sino que estaba formada por piedras de distinto tamaño, todas de un negro opaco, poco porosas y hermosamente redondeadas por la erosión del agua. Eran hipnóticas.
Las columnas de basalto
El viento arreciaba y las olas del Atlántico Norte rompían una y otra vez en la orilla. En uno de los extremos de la playa, se alzaban las columnas de basalto, impresionantes formaciones geológicas de cuatro, cinco o seis lados (las más comunes) creadas por el lento enfriamiento y contracción de la lava volcánica. Y, la verdad, parecen talladas a mano.
“Black Beach es un ejemplo de la interacción de lavas, océano y glaciares. Lo que se ve son lavas muy espesas de decenas de metros que han tardado mucho tiempo en enfriarse”, me explicó el geólogo argentino Iván Petrinovic. “La base de toda esta sucesión volcánica fue submarina, en momentos en que la isla estaba sumergida y las erupciones ocurrían bajo el agua.”
Escuchar esa explicación en el lugar le dio otra profundidad a mi percepción.
La leyenda de los Trolls
Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, mar adentro aparecen unas formaciones rocosas que en Islandia tienen una historia que va más allá de la geología.
La leyenda cuenta que esas tres imponentes rocas, eran trolls que vivían en las cuevas del acantilado y quisieron quedarse con el botín de pesca de un barco varado. Pero se demoraron tanto que no volvieron a tiempo y los alcanzó la luz del sol. ¿Se imaginan el final? Sí, los rayos de sol los convirtieron en piedra.
El parque Dyrholaey y sus pájaros
Cerca de la Black Beach, a 15 minutos en auto, está la reserva natural Dyrholaey.
Se cree que Dyrholaey se formó hace 80.000 años, cuando hubo una erupción submarina. Desde entonces, las olas del Atlántico fueron moldeando el paisaje, creando acantilados verticales y arcos de piedra sobre el mar que parecen diseñados.
Es un lugar para caminar sin apuro. Senderos largos, vistas abiertas, viento constante. Con Descubre Islandia empezamos por acá, a la tarde, y fue una decisión perfecta: la luz, el clima, todo acompañaba.
Además de las vistas panorámicas, la fauna de aves es otro de los grandes atractivos. Es muy diversa y abundante, porque anidan en los huecos de los acantilados y en las rocas que emergen del mar. Sobre todo en verano, es muy común ver al fulmar boreal, y si tenés suerte, podés cruzarte con los famosos frailecillos, que son tan simpáticos como fotogénicos.
El acceso al parque puede estar restringido durante mayo y junio por la época de anidación.
Una experiencia única
La excursión de Dyrhólaey y la playa de Reynisfjara conviene hacerla durante las primeras horas de la mañana o en horas de la tarde, cuando la luz acompaña mejor.
En nuestro caso, con Descubre Islandia, empezamos por Dyrhólaey, caminamos largo por sus senderos, disfrutando la flora, la fauna, el viento y las vistas. Después bajamos a la playa, con toda la información necesaria para hacerlo de forma segura. Y cerramos el día de la mejor manera: comiendo y durmiendo en el pintoresco pueblo de Vik.
Con Descubre Islandia, la visita a estos paraísos se transforma en una experiencia integral donde naturaleza y confort están garantizados. Uno solo debe ocuparse de lo esencial: contemplar, recorrer y disfrutar.
Quién soy
Mi nombre es Fernando Massa. Vivo en la ciudad de Buenos Aires, en Argentina, a más de 11.000 km de Islandia. Soy periodista y guionista. En la escritura encontré el lugar donde se cruzan mi mirada sobre el mundo y mi vocación por contar historias. Desarrollo proyectos de guión y también soy docente. Pero mi territorio natural son las crónicas, y especialmente las de viaje: relatos donde la experiencia se vuelve historia.
A lo largo de estos años, conocí distintos rincones del mundo (¡incluida la Antártida!), pero hay un destino que marcó un antes y un después en mi vida: Islandia. Desde entonces, una postal con su mapa me acompaña todos los días en mi escritorio, como un recordatorio de lo maravilloso que puede ser este planeta y la intención de nunca dejar de explorarlo.